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La vida se vive caminando

Qué energía y pasión la de esos tiempos en las personas… Hoy mi mamá cumple 96 años y no puedo evitar mirar hacia atrás, hasta aquel 1929 en que llegó al mundo. ​Pienso en mi abuela y en el valor que tuvo que sacar de lo más profundo de su ser. Eran tiempos de partos en casa, sin medios, donde el dolor debía ser silencioso y la fortaleza era la única medicina. Ella le dio la vida con una fuerza que hoy, casi un siglo después, sigue corriendo por las venas de mi madre. ​Hoy, en ese cuerpo delgado que abrazo con delicadeza, ella me cuenta su historia sin necesidad de palabras. Cada arruga y cada silencio son el testimonio de una resistencia pura. ​A sus 96 años, todavía se nos "escapa" de casa y no hay quien la detenga. Esa rebeldía no es otra cosa que su espíritu reclamando su libertad, la misma que ha defendido toda su vida. No hay puerta que detenga a quien nació de una estirpe de mujeres valientes. ​¡Feliz vida, mamá! Gracias por enseñarnos que la vida se vive caminando, si...

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